Publicado el 13.12.02
Pues de algo tan sencillo y tan difícil como hacer de nuevo apasionante el pensamiento. Apasionante por su capacidad de destruir lo que habitualmente nos impide pensar; apasionante por la posibilidad que abre de hacer de nuestras soledades un lugar de encuentro; apasionante por la fuerza con que desbarata los territorios de la cotidianidad y nos embarca en una vida política. Se dirá, con razón, que esta apuesta no es nueva. Lo que sí es nuevo, en cambio, es el mundo en el queproponemos repetirla. Poner el pensamiento crítico a la altura de la obviedad con la que el mundo impone hoy sus verdades requiere de herramientas nuevas. Poner el pensamiento crítico a la altura del Estado-guerra mundial exige una reinvención de nuestras categorías, relaciones y prácticas. Los discursos emancipatorios, iluministas, reconciliadores o revolucionarios, se han quedado sin horizonte. Y, sin embargo, seguimos pensando para liberar la vida allí donde se encuentra aprisionada. Lo estamos haciendo ya, cada uno de nosotros, pero nos corroe una sospecha: ¿acaso no nos desactiva, demasiado a menudo, el aislamiento? El maldito genio solitario del siglo XIX ha dejado de producir ideas interesantes. Por lo menos en la parte del mundo que conocemos. La cooperación, la articulación de redes y de conocimientos es la que está dando hoy resultados más decisivos. Basta pensar en el software libre. Espai en Blanc no es, pues, una apuesta intemporal y repetida. Responde a la necesidad actual de ensayar esas relaciones en las que las ideas podrán serlo realmente.
Porque un encuentro como el que se propone es un agujero en la piel del mundo, una brecha que interrumpe el zumbido de la comunicación, una tierra de nadie en el mapa de los discursos culturales de la metrópoli. Espacio, porque no lo mueve la promesa de un futuro mejor, sino la pasión por conquistar lugares comunes en los que se pueda vivir de otra manera... en blanco, porque está dispuesto a hacerlo sin referencias preestablecidas, sabiendo que la experiencia no se acumula y que el pasado no funciona hoy como fuerza de transmisión y de transformación. No tenemos cuerpos virginales - eso está claro - la memoria se inscribe en ellos, a golpes y a fragmentos: heridas, placeres, temores, contactos... que no componen ninguna narración. Hoy el texto no narra; se compone en forma de código: 1110001010111 y así hasta el infinito. Cadenas inacabables de unos y de ceros escriben nuestras relaciones laborales, nuestras relaciones afectivas, nuestras relaciones con las múltiples caras de la realidad y sus arquitecturas. Dibujan esa política de la relación en la que somos sujetos de tantas sujeciones a la vez, al mismo tiempo que perfilan los contornos de esos espacios en los que debemos escribir la recuperación de nuestra inteligencia, de nuestros afectos, de nuestro querer vivir. Para ser libres hoy no necesitamos "romper las cadenas", sino acertar a situar en ellas los espacios en blanco de tal manera que su sentido resulte subvertido. Cambiar los ceros de sitio para abrir poros allí donde queremos respirar.
Uno de los propósitos de Espai en Blanc es acabar con las ideas de asistencia, de participación y de pertenencia. La primera, supone una concepción clientelar de la oferta cultural. La segunda siempre acaba siendo víctima de un cómputo de éxitos y fracasos basado en el número de personas que se consigue movilizar. La tercera delimita un dentro/ fuera cuyo propósito acaba siendo únicamente el de seguir realimentando su diferencia. Por todo ello, Espai en Blanc no es ni un grupo promotor de programaciones culturales a las que asistir, ni un colectivo en el que entrar y participar. Hay que pensarlo más bien como un catalizador de experiencias: una red de complicidades, un dispositivo para uso de los propios interesados. Partimos entonces de la idea de que estos interesados ya existen, que sus vidas, ideas, inquietudes, pasiones y malestares están ya en movimiento. Y de que están en muchos lugares. Sólo falta ponerlos en resonancia, romper el cerco de los respectivos guetos y darse un contexto que suponga a la vez una exigencia y un salto. Estar en Espai en Blanc significa entonces ponerse en disposición de articular, agrandar, escuchar, alimentar, trasladar, remover, agilizar este dispositivo.
Espai en Blanc quiere ser una estructura estable y permeable. Estable significa que no quiere depender ni de la pura espontaneidad, ni de las voluntades fluctuantes que confluyen en una asamblea y que acostumbran a desembocar en la "reunionitis" y el voluntarismo. Permeable significa que tiene que permitir múltiples formas de estar. Para solventar lo primero, Espai en Blanc cuenta ya con un núcleo o motor que se compromete a asegurar y dinamizar su existencia, a buscar su viabilidad económica y a avanzar los recursos y el trabajo necesarios para que Espai en Blanc funcione. Para facilitar lo segundo, se propone 1) la construcción de una web que permita el seguimiento de lo que se ha hecho y la intervención sobre lo que se está haciendo y 2) la puesta en marcha de una lista de distribución como medio permanente de información y de comunicación. Espai en Blanc no tiene unas prácticas predefinidas, ni unos ritmos de actuación previsibles. Quienes estén interesados en colaborar, pueden leer el apartado "Colaborar con Espai en Blanc" o escribirnos con ideas, sugerencias, propuestas de intercambio, etc.
Otra idea clave de Espai en Blanc es que no quiere quedar prisionero de la periodicidad ni del activismo. Por eso es vital evitar cualquier compromiso (publicaciones periódicas, cursos anuales, mantenimiento de un local, etc) que pueda forzar a "producir" cuando no se tiene nada que decir o no se dan las circunstancias para hacerlo. En este sentido, Espai en Blanc parte de dos criterios básicos: el primero, que vale más un buen acontecimiento una vez al año que una permanente actividad carente de interés (lo bueno si breve dos veces bueno...); el segundo, que se valora más la continuidad de un contexto enriquecedor y valiente que la espectacularidad de sus resultados inmediatos (ley del gota a gota). Así pues, y para resumir, cada cuando sea y tanto tiempo como se pueda...
La gran suerte de no poder pagar un local propio, nos embarca en la aventura del nomadismo, sustentado por la permanencia virtual. Espai en Blanc aparecerá, así, en cualquier lugar que le sea propicio: un centro social okupado, locales amigos, la universidad, etc. Mientras, será siempre accesible y transitable en www.espaienblanc.net, y sus listas de distribución. La ligereza y la movilidad forman parte de la idea "espai en blanc". ¿Para qué vivir esperando, reducidos a relacionarnos únicamente con quien se acerca, cuando quienes tenemos ganas de movernos, de acercarnos a otros y de conquistar lugares comunes somos nosotros mismos? Espai en Blanc no es entonces un lugar al que ir, sino un billete de viaje a un destino loco. ¡Qué triste sería que un dispositivo armado para agujerear la piel del mundo acabara prisionero de su propio agujero!
Sobretodo, del bolsillo. Se cuenta con una aportación importante del núcleo "fundador" y se invita a colaborar a quienes estén interesados y puedan hacerlo. Las arcas siempre estarán abiertas a cualquier tipo de donación desinteresada. A partir de ahí y si la existencia legal de Espai en Blanc cuaja, podemos plantearnos establecer algún tipo de colaboración económica puntual con alguna institución o administración, siempre que no acabe determinando nuestros ritmos y objetivos.
Pues porque puestos a dotarse de un cuerpo legal, es el que más se adapta a las condiciones de Espai en Blanc: su ligereza estructural, que debe ser capaz de decidir y de mantenerse con un mínimo de tres personas, su voluntad de permanencia en el tiempo, y el funcionamiento económico basado, principalmente, en donaciones.